En la escuela Cristo Obrero de Santa Fe, que recibe el apoyo de ACDI con el programa Padrinos Solidarios, los alumnos y alumnas cultivan su vínculo con la naturaleza.

Divertirse y fortalecer la conexión con la tierra, a partir de actividades como la producción propia de alimentos, es una tarea que en la escuela Cristo Obrero de la ciudad capital de Santa Fe se fomenta desde edades tempranas. Sobre todo desde que hace unos años, cuando lograron con apoyo del programa Padrinos Solidarios de ACDI crear una huerta escolar comunitaria que sirve para que los alumnos y alumnas aprendan y se alimenten de la cosecha.

Con el objetivo de volver a lo simple, y a educar en torno a los procesos de cómo crear un almácigo, cuál es el proceso para trasplantar, cómo se hace una huerta y cómo es el crecimiento de verduras, entre otros temas, los docentes van guiando a los estudiantes de acuerdo a su nivel educativo.

Asimismo, se los orienta sobre alimentación sustentable y el impacto socioambiental, con la premisa fundamental de que sean promotores en sus hogares y barrios de esta forma de trabajar la tierra.

Equipados con palas, pequeños baldes y regaderas, estudiantes de primero a séptimo grado son los encargados de cultivar, aprendiendo todo el proceso desde que la semilla es sembrada hasta que la planta crece y se puede llevar a la mesa.

Este proyecto, además, les permite tener contacto con el medio ambiente, ya que la zona donde está ubicada la escuela no cuenta con entornos verdes que permitan este tipo de iniciativas colectivas; donde incluso aprenden a reciclar reutilizando materiales como llantas, botellas y tubos que los vecinos les donan y les permiten seguir poniendo ¡manos a la tierra!