En ACDI creemos que la educación tiene sentido cuando trasciende el aula y se convierte en una herramienta para mejorar la vida cotidiana. La historia de Camila nos recuerda por qué trabajamos junto a las escuelas, las familias y las comunidades.
Camila es alumna de tercer grado de una escuela de Villa Santa Rosa, en la localidad de Santa Ana (zona rural de la provincia de Tucumán). Vive allí junto a sus padres y su hermana, en una familia que se dedica al trabajo rural vinculado a las cosechas de estación de la zona.
Durante el ciclo lectivo anterior, su grado participó activamente en la huerta escolar desde distintas áreas curriculares. Particularmente, en el espacio de Tecnologías diversas, Camila aprendió sobre el cuidado del suelo a partir del reciclaje y el aprovechamiento de residuos orgánicos, construyendo una compostera para la huerta escolar. Esta experiencia no quedó solo en la escuela ya que, como tarea para el hogar, decidió replicar la compostera en su casa utilizando los desechos de la cocina familiar.
A partir de esta iniciativa, se generó un cambio significativo en la dinámica de su hogar. Su mamá comenzó a separar los residuos orgánicos para el compost, mientras que Camila se encarga de reutilizar botellas plásticas para transformarlas en macetas para cultivar. La familia ya contaba con algunas plantas frutales y de hortalizas en el patio de su casa, pero estas nuevas prácticas fortalecieron y diversificaron su espacio de huerta familiar.
Además, su mamá participó en los talleres de huerta impulsados por la escuela y comenzó a utilizar la aplicación Kokue, donde encontró herramientas prácticas para el cuidado de sus plantas. En particular, destaca el aprendizaje de la sección de biopreparados para el manejo de plagas, conocimientos que hoy aplica tanto en la huerta como en el jardín de su hogar.
El entusiasmo de Camila por la huerta escolar fue el motor de este proceso. Gracias a su compromiso, la familia incorporó nuevos hábitos en el tratamiento de residuos y descubrió que es posible sostener un espacio productivo y saludable sin necesidad de grandes inversiones. Hoy, su jardín y su huerta no solo embellecen su casa, sino que también reflejan un aprendizaje que trasciende la escuela y se transforma en una práctica cotidiana.



