El programa entregó a todas las escuelas con las que trabaja un monto de dinero que servirá para ejecutar proyectos diseñados por directivos y docentes. En Paraje Güemes, ya se empezaron a ver los resultados.

En la escuela rural de Chaco, a donde el programa Padrinos Solidarios acompaña niños, niñas y adolescentes desde hace varios años, se impulsa un proyecto para la instalación de una huerta agroecológica desde 2018. El espacio, que quedó en desuso durante el tiempo de cuarentena y escuelas cerradas, hoy está volviendo a producir con objetivos nuevos por parte de la dirección y el entusiasmo de un grupo de padres y madres que acompañan.

Es por ello que cuando ACDI les comunicó sobre un fondo extra, enseguida se pensó en utilizarlo para hacer frente a un problema histórico de la comunidad: las sequías prolongadas que se producen en esa región. Y en consecuencia se procedió a trabajar para colocar una manguera desde el acueducto que pasa enfrente, pero aún no está finalizado, hasta la cisterna del edificio escolar donde se puso una bomba centrífuga que permite el acceso del agua al tanque en altura, posibilitando que llegue presión del líquido a las canillas.

 

El aporte sirvió para la compra de los materiales y para el cubrir la mano de obra, posibilitando que tanto chicos como grandes puedan realizar el riego diario de forma rápida, sin tener que acarrear agua en baldes.

Por otro lado, también de la mano del programa, se colocó una media sombra que es de gran utilidad para el cuidado de los cultivos respecto del impacto del sol.

 

Beneficios de la huerta escolar

La huerta de la escuela de paraje Güemes, en el corazón del Impenetrable chaqueño suele ponerse en marcha en el primer mes de iniciado el ciclo lectivo, fomentando entre todo el alumnado el cultivo de diversas especies, algunas de las cuales se les enseña a replicar en sus domicilios a través de la formación de almácigos y germinadores.

Asimismo, el espacio le permite que sean multiplicadores de conocimientos hacia su comunidad, buscando que puedan encontrar una herramienta que les sea útil como salida laboral o para mejorar su calidad nutricional.

Cabe destacar que tanto en la teoría como en la práctica están siguiendo un modelo de aprendizaje-aplicación que les permite aprender a generar un circuito productivo, pensando en el otro y en solidaridad, ya que se los incentiva a crear distintos gajos de cada cultivo para que puedan proceder al intercambio y todos tengan varias cosas para cosechar; y fomentándolos a llevarse los frutos de la siembra para el consumo en el hogar.